EL RÍO DE LA VIDA

EL RÍO DE LA VIDA

EL RÍO DE LA VIDA

Llevo navegando por el río más tiempo del que soy consciente. Durante los primeros años eran otros quienes remaban por mí para que siguiera en movimiento avanzando por sus sendas.

Empezaron siendo aquellos que me pusieron en él, pero poco a poco se sumaron más y más personas que junto conmigo iban añadiendo apoyos a los remos cual escálamo de mi barca.

El cauce de mi río es cambiante. Nunca llego a conocerlo del todo pero cuanto más navego, más segura estoy de saber sus secretos.  A veces puedo ver el fondo tras sus aguas calmas. Otros tramos sin embargo son tan turbulentos que no sé cuántos metros me separan del suelo, pero he aprendido que en esos momentos lo mejor que puedo hacer es mantenerme serena y recordar cuál es la embarcación que me sostiene.

Cuando viajo encima de una canoa, sé que lo crucial para mantenerla a flote es emplear la  fuerza humana. Cuando voy en el majestuoso catamarán  puedo hasta ceñir el viento a contracorriente.  Pero cuando voy en la gabarra cargada de peso, tengo que contemplar la ayuda del bote remolcador que haga el trabajo sucio. Solo así puedo continuar mi rumbo sin quedar encallada. Aunque reconozco que sea cual sea mi embarcación, pararse en una puesta en seco de vez en cuando  es necesario para reparar el desgaste del  camino.

Con frecuencia trato de ser yo quien confecciona la hoja de ruta, pero de vez en cuando los que me observan desde la orilla encuentran con acierto la maniobra más adecuada para reconducir la marcha, quizás porque no están mojados como yo.

En ocasiones solo mirando al cielo soy capaz de adivinar si mañana vendrá o no la lluvia, sin que eso frene el ritmo previsto aunque digan que debo temerla porque el agua deforma la estructura compuesta de madera.

¿Cómo voy a tener miedo de la tempestad si desde sus primeros constructores la hicieron de este material? Yo elijo sumergirme en el río antes que atravesarlo de puntillas.

Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río. El agua no es la misma, nosotros no somos los mismos.Heráclito de Éfeso.

Psicóloga en Cáceres. Aurora Gardeta. Terapia online y presencial.

 

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